miércoles, 18 de agosto de 2010

TIERRA DE HADAS




TIERRA DE HADAS


Desde muy pequeña creí a ciencia cierta en los cuentos de hadas que me contaban. Las Hadas eran seres absolutamente reales que habitaban mi universo, y llegaba a sentir su presencia y a veces hasta me parecía verlas en el jardín.

Dado que los años iban pasando y que se suponía que ya no debía tener esas “fantasías” aprendí a no contárselo a nadie para que no rompieran el hechizo. Recuerdo que tuve un momento cuasi iniciático al entrar al colegio secundario, unos días previos al inicio de las clases, me encontré guardando todos mis juguetes en una gran caja que sabía que ya no volvería a abrir. Me despedí de cada una de mis muñecas, acomodé prolijamente el resto de las cosas, y cerré la caja, que fue a parar a un altillo. A partir de allí sentí, igual que en el cuento de la Bella Durmiente, que todo un mundo quedaba dormido y escondido tras una espesa maleza, incluidas las Hadas.
Pasaron los años, me casé y tuve dos hijos, a quienes les leí los mismos cuentos que yo había escuchado. Ellos siguieron creciendo y encontrando sus propios caminos.
Un día, el menos pensado, cayó en mis manos la leyenda del Santo Grial en donde se contaba que un famoso rey Arturo, había sido educado por un mago llamado Merlín y en donde se hacía referencia a la Tierra de las Hadas…
Algo se agitó en mí, ya no era un cuento de niños, era la historia de un mito que circulaba entre los adultos.
Empecé a sentir que un rayo de luz empezaba a penetrar en aquel bosque encantado de mis 12 años, dispuesto a despertar a aquel universo dormido…

A partir de allí comenzó una búsqueda incesante sobre el tema y fui descubriendo que dentro del universo metafísico se hablaba de las Hadas como espíritus de la Naturaleza, seres sutiles que habitan en lugares no contaminados por el hombre. La información estaba y era muy rica.
Mi niña interior se despertó y volvió a sonreir redescubriendo lo mágico desde un lugar diferente. Llegó a mí un libro escrito por C. W. Leadbeater(*) que al hablar, entre otros temas, de los placeres que disfrutan las Hadas dice lo siguiente:

“Se deleitan con la luz y el resplandor del Sol, aunque con el mismo placer bailan a la luz de la luna, participan de la satisfacción de la sedienta tierra, de las flores y de los árboles al caer la lluvia, y también juguetean igualmente dichosas con los copos de nieve. Gustan de flotar perezosamente en la calma de una tarde de verano, y sin embargo, también se solazan con la violencia del viento. No solo admiran con una vehemencia que pocos de nosotros podemos comprender la belleza de un árbol o una flor, la delicadeza de sus matices o la gracia de su forma, sino que experimentan vivísimo interés y sienten hondo deleite en todos los procesos de la naturaleza, en la circulación de la savia, el brote de los renuevos y el nacimiento y caída de las hojas…”

A partir del año 2000, con la intención de hacer circular simbólicamente esta magia en un mundo cada vez más contaminado, comencé a hacer Hadas. He hecho miles, una por una, no creo que haya dos iguales, y han viajado a distintas partes del planeta, es más me he llegado a enterar de gente que las colecciona. Desde entonces me han sucedido cosas maravillosas y me han contado historias hermosas que suceden en presencia de estas Hadas. Puedo decir que “las Hadas me alimentan”, tanto material como espiritualmente.

Hoy, ante la necesidad cada vez mayor de conectar con nuestra espiritualidad y ayudar a preservar a nuestra Madre Tierra, siento que es imperioso que circulen más Hadas para que nuestro niño interior despierte, y sea posible percibir y cuidar la Naturaleza y desde ese lugar poder disfrutar de la magia que circula en la Vida.
Por estas razones he decidido transmitir mis conocimientos sobre el tema y enseñar a hacer Hadas creando un taller que se llama “Tierra de Hadas”.

Si te interesa la propuesta, contactame y te cuento más.



(*)Miembro de la Sociedad Teosófica, discípulo de Madame Blavatsky y hombre de extraordinaria videncia

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